Según la tradición histórica del proceso, Miguel Juan Pellicer recuperó el 29 de marzo de 1640 en Calanda su pierna derecha previamente amputada. La había perdido en 1637 después de un accidente con un carro y se desplazaba con una pierna de madera y una muleta. El acontecimiento quedó registrado notarialmente pocos días después y fue investigado posteriormente por la Iglesia. Entre los testigos estaban los cirujanos que habían participado en la amputación. El arzobispo Pedro Apaolaza reconoció el milagro el 27 de abril de 1641.
El proceso histórico trata de la restitución de la pierna derecha previamente amputada por debajo de la rodilla. Los testigos médicos confirmaron la amputación anterior y reconocieron como su paciente al hombre que más tarde apareció de nuevo con ambas piernas.

Del accidente a la noche de Calanda
La tradición del proceso y la exposición histórica de la ciudad de Zaragoza describen el camino de Pellicer: después de un accidente con un carro, en 1637 hubo que amputarle la pierna derecha por debajo de la rodilla en el hospital de Zaragoza. Más tarde se desplazaba con una pierna de madera y una muleta. El 29 de marzo de 1640 recuperó la pierna mientras dormía en Calanda. Veneraba a Nuestra Señora del Pilar y entendió lo sucedido como la ayuda que le había pedido.[1][4]
Los encuentros después de la curación
Familiares y personas del entorno local reconocieron a Pellicer de nuevo con ambas piernas después de la noche de Calanda. También el cirujano que lo había tratado, Juan de Estanga, se encontró después con él. En ese encuentro, su capacidad de esfuerzo todavía estaba limitada; Estanga dejó constancia también de esta circunstancia. Los testimonios describen así tanto el estado corporal restituido como el primer período posterior.[1]
Las declaraciones de los cirujanos participantes
Juan de Estanga, cirujano del Hospital General y profesor universitario en Zaragoza, confirmó en el proceso la decisión terapéutica y la amputación por debajo de la rodilla. Había tratado después el muñón y había visto más tarde a Pellicer con una pierna de madera y una muleta. Ante el tribunal reconoció expresamente al joven que le presentaron como el mismo paciente. Diego Millaruelo confirmó su ayuda en la operación y que había visto la pierna separada.[1]
Se examinan la amputación y la identidad
El proceso eclesiástico recogió declaraciones del hospital, de la familia y del entorno de residencia. Se vincularon así dos puntos decisivos: la pérdida de la pierna y la identidad del hombre que más tarde apareció con ambas piernas. La edición impresa del proceso digitalizada por la Universidad de Zaragoza contiene los testimonios y la sentencia.[1]
Un acta pocos días después del acontecimiento
Ya el 2 de abril de 1640, el notario Miguel Andreu registró en Mazaleón declaraciones sobre lo sucedido. Esta acta constituye una línea de transmisión propia junto al proceso eclesiástico. El historiador Leandro Aina Naval recibió el manuscrito en 1969 de un heredero de su antiguo propietario y lo entregó a la ciudad de Zaragoza en 1972. El catálogo de su biblioteca sigue registrándolo como manuscrito.[2][3]
El reconocimiento del 27 de abril de 1641
El 8 de mayo de 1640, la ciudad de Zaragoza solicitó al arzobispo el procedimiento eclesiástico. Después de la investigación, Pedro Apaolaza reconoció el milagro el 27 de abril de 1641. Tanto la edición impresa del proceso como la documentación de Aina transmiten estas fechas del procedimiento. Por tanto, la decisión se produjo en el contexto histórico inmediato del acontecimiento.[1][2]
Por qué los testimonios tienen un peso especial
Las declaraciones decisivas proceden de personas identificadas que conocían a Pellicer en contextos distintos. Tiene especial peso la relación entre la participación quirúrgica y el reconocimiento posterior del paciente. La interpretación católica ve en su restitución una ayuda de Dios por intercesión de María.[1][4]
Testigos e investigadores
Miguel Juan Pellicer
Persona afectada
Su identidad y su estado corporal son el objeto central del procedimiento.[1]
Juan de Estanga
Cirujano tratante
Atestigua la decisión terapéutica, los cuidados posteriores y la identidad posterior del paciente.[1]
Diego Millaruelo
Participante en la operación
Declara que ayudó en la amputación.[1]
Miguel Andreu
Notario de Mazaleón
Fue responsable del acta notarial del 2 de abril de 1640.[2]
Leandro Aina Naval
Historiador y testigo posterior de la transmisión documental
Documentó la recuperación y la entrega del protocolo notarial en 1972.[2]
El desarrollo de la historia
- Hospital y amputación
La tradición del proceso refiere el tratamiento en Zaragoza y la amputación por debajo de la rodilla.[1]
- Calanda
Fecha de la restitución según la tradición del proceso.[4]
- Acta notarial
Miguel Andreu registra declaraciones próximas a los hechos.[2]
- Solicitud de la ciudad
Zaragoza solicita el procedimiento eclesiástico.[2]
- Juicio eclesiástico
- Entrega del protocolo notarial
Leandro Aina entrega la pieza histórica a la ciudad de Zaragoza.[2]
Valoración eclesial
El arzobispo Pedro Apaolaza de Zaragoza reconoció el acontecimiento como milagro el 27 de abril de 1641. Se conservan un relato notarial temprano y las actas del procedimiento eclesiástico.
Objeciones y respuestas
¿Qué límites tienen los testimonios históricos?
Los testigos observaron el estado de Pellicer antes o después de la noche; no describen un proceso de restitución observado directamente durante el sueño. Las actas distinguen también límites de percepción particulares: Millaruelo vio que se llevaban la pierna, pero conocía de oídas el lugar de enterramiento. Sobre una lesión posterior del pie, Estanga reprodujo una explicación que le habían comunicado. Estas diferencias forman parte de la valoración histórica de las pruebas.[1]
¿Qué aportan el documento notarial y la edición impresa conservada del proceso?
El protocolo notarial fija declaraciones y personas en un momento próximo a los hechos. Su forma oficial no hace infalible su contenido médico; sigue siendo decisiva la comparación de los testimonios. La edición impresa digitalizada del proceso se fecha hacia 1829 y transmite actas anteriores, por lo que no es en sí misma el manuscrito original de 1640. El protocolo notarial temprano debe distinguirse de ella.[1][2][3]
¿Puede examinarse Calanda como un caso clínico actual?
El examen es histórico y se apoya en declaraciones sobre la amputación, el estado corporal posterior y la identidad. No se dispone de imágenes modernas anteriores y posteriores. Por eso, una explicación alternativa debe afrontar el contenido concreto de los testimonios quirúrgicos y locales identificados.[1][3]
Significado para la fe
Calanda se transmite mediante declaraciones próximas a los hechos, testigos quirúrgicos identificados y un procedimiento eclesiástico temprano. Su objeto común es la identidad de un hombre previamente amputado que volvió a aparecer con ambas piernas. El juicio de 1641 reconoció en ello un milagro por intercesión de Nuestra Señora del Pilar.[1][2]
Examinar las curaciones: de los hallazgos al juicio de la Iglesia
El diagnóstico, el tratamiento, la evolución de la curación y el reconocimiento eclesiástico se examinan por separado.
Medios de investigación y procedimiento eclesiástico →Fuentes y referencias
La información sobre accesibilidad y alcance te ayuda a valorar las pruebas por ti mismo.
- [1] Copia literal y auténtica del proceso y sentencia de calificación sobre el milagro de Calanda
Se ha leído la edición histórica impresa completa del proceso. Edición posterior de actas próximas a los hechos, no el manuscrito original de 1640.
Abrir fuente · zaguan.unizar.es ↗ - [2] Entrega a la Ciudad, del Protocolo de Mazaleón
Relato contemporáneo sobre la procedencia y entrega del protocolo notarial; no es un examen médico moderno.
Abrir fuente · zaragoza.es ↗ - [3] Biblioteca: Colección de manuscritos
Constancia oficial del protocolo de Mazaleón de 1640 entre los fondos.
Abrir fuente · zaragoza.es ↗ - [4] La Virgen del Pilar y el milagro de Calanda
Exposición municipal de la tradición y de su importancia local.
Abrir fuente · zaragoza.es ↗

