En septiembre de 1224, Francisco recibió las llagas de Cristo en el monte La Verna. Durante un tiempo de oración y ayuno contempló a un serafín crucificado. Después llevó los signos en las manos, los pies y el costado derecho. Las fuentes franciscanas tempranas mencionan a observadores de las llagas durante su vida y en su cadáver; la nota del hermano León y la temprana biografía de Tomás de Celano sitúan el acontecimiento ya en la primera generación. Buenaventura recopiló otras declaraciones de compañeros todavía vivos. La Iglesia venera los estigmas como expresión visible de la configuración del santo con Cristo crucificado.
En La Verna, tras la visión de un serafín crucificado, Francisco recibió llagas visibles en las manos, los pies y el costado derecho. Las fuentes tempranas atestiguan los signos corporales a través de observadores de su entorno y de personas que lo vieron después de su muerte.

Oración y ayuno en La Verna
La tradición franciscana temprana conduce a septiembre de 1224. Francisco se retiró con compañeros a La Verna para dedicar un período prolongado a la oración y al ayuno antes de la fiesta de san Miguel. Las enfermedades y los esfuerzos de su vida ya lo habían debilitado. En la soledad del monte contemplaba el sufrimiento de Cristo. En este tiempo, cerca de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, tuvo lugar la estigmatización. La memoria litúrgica posterior del 17 de septiembre celebra este acontecimiento. Marcó los dos últimos años de su vida.[2]
El serafín crucificado
Buenaventura describe la visión de un serafín con seis alas, en cuya figura Francisco percibió al mismo tiempo al Crucificado. Lo penetraron la alegría por la cercanía de Dios y el dolor por el sufrimiento de Cristo. Cuando terminó la visión aparecieron las llagas. Buenaventura reconoce en ello la transformación por el ardor del amor: Francisco quedó configurado con aquel cuya pobreza y entrega habían determinado toda su vida. La visión misma se conserva a través de la tradición biográfica. Sus consecuencias corporales fueron vistas después por otras personas y constituyen otra parte del testimonio.[1]
Los signos en las manos, los pies y el costado
Los textos tempranos describen formas llamativas, semejantes a clavos, en las manos y los pies, así como una herida en el costado derecho. Buenaventura habla de formaciones de carne semejantes a clavos; la sangre de la herida del costado podía manchar la ropa. Francisco intentó ocultar los signos. No obstante, sus hermanos tuvieron conocimiento de ellos durante sus cuidados, a través de la ropa o por el tacto. Después de su muerte, otras personas vieron el cuerpo. Estos detalles dan al relato una forma corporal definida. Las fuentes hablan de llagas visibles y persistentes durante un período prolongado, que se vinculaban a la pasión de Cristo.[1]
Las entrevistas de Buenaventura y el testimonio de Alejandro
Buenaventura redactó su gran biografía varias décadas después del acontecimiento y declara en el prólogo haber interrogado a compañeros todavía vivos. También menciona un testimonio público concreto: el papa Alejandro IV declaró ante los hermanos haber visto personalmente las llagas en vida de Francisco. Buenaventura afirma haber estado presente en esa declaración. Queda así identificada de forma concreta la vía de transmisión. Alejandro atestiguó los signos corporales; Buenaventura atestiguó su declaración. A ello se añaden noticias sobre los hermanos que lo cuidaron y sobre la contemplación del cuerpo después de la muerte. Las distintas observaciones se complementan.[1]
Las llagas están atestiguadas tempranamente
La primera biografía de Tomás de Celano ya habla de los estigmas. La nota del hermano León en la hoja autógrafa de bendición también vincula La Verna con las llagas. El caso se inscribe así en la tradición temprana del entorno del santo. Esto contradice la afirmación de que la estigmatización se inventó siglos después. Las biografías posteriores recogen estas fuentes y las complementan con otras noticias. Al compararlas deben tenerse en cuenta las fuentes comunes; el arraigo temprano en sí mismo no se ve afectado por ello. Es una de las razones históricas más sólidas para la credibilidad del suceso.[2]
La veneración eclesial de las llagas
Gregorio IX canonizó a Francisco en 1228. Los estigmas recibieron una memoria litúrgica propia y se convirtieron en una expresión esencial del seguimiento franciscano de Cristo. También el discurso pontificio por la conmemoración del octavo centenario de 2024 los valora como don de configuración con Cristo pobre y crucificado. La acogida eclesial vincula la contemplación de las llagas con la atención a las personas que sufren. Quien mira el cuerpo marcado del santo debe percibir a los heridos de su propio entorno. Así, la veneración conduce al amor concreto que vivió Francisco.[2][3]
La situación de las pruebas históricas
El examen del caso se apoya en testimonios escritos tempranos, transmisores identificados y observaciones a lo largo de un período prolongado. Los textos conservados pueden compararse según su composición, su proximidad a Francisco y su dependencia mutua. En cambio, hoy no es posible un examen dermatológico de aquellas heridas: no existen fotografías, muestras de tejido ni mediciones continuadas de 1224. Por eso, la prueba histórica posee una forma distinta de una historia clínica moderna. Su fuerza reside en las declaraciones tempranas y diferenciadas del entorno de una vida conocida públicamente y en su constante recepción eclesial.[1][2]
Testigos e investigadores
Hermano León
Compañero cercano
Su nota en la hoja de bendición figura entre las referencias tempranas importantes a La Verna y a las llagas.[2]
Alejandro IV
Observador citado por Buenaventura
Buenaventura relata que Alejandro declaró públicamente haber visto los signos en vida del santo.[1]
Buenaventura
Biógrafo y testigo de una declaración posterior
Interrogó a compañeros; según su propia afirmación, estuvo presente en el testimonio de Alejandro, no en el acontecimiento de 1224.[1]
El desarrollo de la historia
- La Verna como lugar de retiro
El monte queda vinculado al movimiento franciscano.[2]
- Estigmatización
Francisco recibe las llagas de Cristo durante el tiempo de oración en La Verna.[1][2]
- Muerte de Francisco
Las fuentes informan de la visibilidad de los signos en el cadáver.[1][2]
- Canonización
Gregorio IX canoniza a Francisco.[2]
- Legenda maior de Buenaventura
Buenaventura ordena testimonios antiguos y declaraciones de compañeros.[1]
- Conmemoración del octavo centenario
La Iglesia recuerda los estigmas como signo del seguimiento de Cristo.[3]
Valoración eclesial
Las llagas de Francisco forman parte de una prolongada veneración eclesial y se recuerdan específicamente en el calendario franciscano. Esta recepción es mucho más sólida que la de un relato privado cualquiera sin valoración, pero no constituye un dictamen médico moderno.
Objeciones y respuestas
¿Son las llagas solo una idealización de su seguimiento de Cristo?
Los autores franciscanos interpretan expresamente a Francisco como seguidor del Crucificado. Este sentido no demuestra una invención del suceso corporal. Contra un embellecimiento surgido tardíamente hablan la temprana biografía de Tomás de Celano, la nota del hermano León y las noticias sobre observadores concretos. Además, las fuentes distinguen la visión de las llagas visibles después. Los autores posteriores utilizan fuentes anteriores y no deben contarse sin más como testigos independientes adicionales. Pero el núcleo temprano permanece. Un acontecimiento histórico puede poseer a la vez un profundo significado teológico y presentarse en consonancia con él.[1][2]
¿Están demostradas la autolesión o las causas psicosomáticas?
Las fuentes conservadas no aportan una prueba positiva de autolesión. Tal conjetura debería apoyarse en indicios concretos y en una explicación de la evolución descrita. También una interpretación psicosomática debe mostrar qué datos abarca realmente. El esfuerzo de Francisco por permanecer oculto y las observaciones de quienes lo cuidaban hablan, dentro de la tradición, contra una simple puesta en escena pública. A partir de los textos medievales ya no es posible un diagnóstico diferencial moderno completo. Sin embargo, de ello tampoco se sigue una causa natural demostrada. El conjunto del testimonio histórico y su recepción eclesial sustentan la afirmación razonada de la estigmatización.[1][2]
Significado para la fe
Los estigmas de Francisco están atestiguados ya en la primera generación de sus compañeros. Las fuentes tempranas, los observadores identificados y la veneración eclesial duradera sustentan su credibilidad. En La Verna se hizo visible lo que marcó su vida: el amor a Cristo pobre y crucificado y la disposición a seguirlo por entero.[1][2][3]
Cómo se examinan los milagros en la vida de los santos
Los estigmas, la bilocación y las transformaciones materiales requieren investigaciones distintas.
Medios de investigación y procedimiento eclesiástico →Fuentes y referencias
La información sobre accesibilidad y alcance te ayuda a valorar las pruebas por ti mismo.
- [1] The Life of Saint Francis of Assisi
Fuente primaria de dominio público; Buenaventura transmite observaciones anteriores y afirma haber estado presente en la declaración de Alejandro.
Abrir fuente · ecatholic2000.com ↗ - [2] St. Francis of Assisi
Panorámica de las fuentes de dominio público; desde el punto de vista médico no equivale a un dictamen actual.
Abrir fuente · newadvent.org ↗ - [3] A la comunidad de los franciscanos de La Verna y de la provincia de Toscana
Documenta la recepción pontificia actual y la interpretación espiritual, no una nueva investigación material.
Abrir fuente · vatican.va ↗


