Un hombre leproso se postra ante Jesús y le pide que lo purifique. Confía en su poder: si Cristo quiere, puede curarlo. Jesús extiende la mano, lo toca y pronuncia su palabra eficaz. La lepra desaparece de inmediato. Después envía al curado a presentarse ante el sacerdote y a entregar la ofrenda prescrita por Moisés. El hombre difunde ampliamente el milagro; cada vez más personas buscan a Jesús. Marcos, Mateo y Lucas atestiguan este encuentro en el que el Señor toca a quien sufre gravemente, cura su cuerpo y le abre el camino a la plena vida comunitaria de Israel.
Jesús toca al hombre leproso y lo purifica instantáneamente mediante su palabra. Encarga al curado que se muestre al sacerdote y presente la ofrenda prescrita por Moisés.
El enfermo confía en la voluntad de Cristo
Un hombre leproso se acerca a Jesús y suplica ser purificado. Marcos describe cómo se arrodilla; Mateo, su acercamiento reverente; Lucas, cómo cae rostro en tierra. Su petición presupone el poder de Jesús: si quieres, puedes limpiarme. Espera la ayuda directamente de él. Jesús ve a la persona en su necesidad y se vuelve hacia ella. La súplica contiene a la vez confianza y humildad: el hombre confía en quien puede curarlo y pone su sufrimiento en su voluntad. Lucas destaca especialmente la gravedad de su situación al describirlo como cubierto de lepra.[1][2][3]
Jesús lo toca y la lepra desaparece
Jesús extiende la mano, toca al hombre y dice: quiero; queda limpio. De inmediato desaparece la lepra y el enfermo queda purificado. Los tres Evangelios vinculan el contacto con la palabra eficaz y la curación inmediata. Después Jesús le encarga que se muestre al sacerdote y presente la ofrenda que Moisés prescribió para la purificación. Así une la ayuda personal al testimonio público ante la autoridad sacerdotal competente. El hombre que poco antes estaba arrodillado ante él como leproso puede ahora dirigirse allí curado.[1][2][3]
La noticia se difunde
Jesús ordena al curado que por el momento no cuente nada a nadie. Sin embargo, Marcos señala que el hombre difunde ampliamente lo sucedido. Entonces la gente acude a Jesús en tal número que ya no puede entrar abiertamente en una ciudad. Permanece en lugares apartados y llegan a él de todas partes. Lucas también menciona las multitudes crecientes que quieren escucharlo y ser curadas; a la vez, relata que Jesús se retira a orar. Mateo conserva el encuentro de forma más breve después del Sermón de la Montaña. El milagro tiene una repercusión pública mientras Cristo prosigue su camino en obediencia al Padre.[1][2][3]
El examen previsto ante el sacerdote
Levítico 13 y 14 regulan la valoración de estas alteraciones cutáneas y los ritos tras producirse la curación. El sacerdote constata el estado y acompaña el regreso reglado a la vida comunitaria y al culto. Jesús remite expresamente al hombre a ese camino. Crisóstomo subraya que la curación procede de Cristo y que, aun así, debe seguir la comprobación prevista por Moisés. Por tanto, la autoridad de Jesús y la valoración pública no se oponen. La ofrenda hace visible la pureza recuperada también en el culto. El encargo forma ya parte del relato del milagro y muestra que el curado no debe guardar su restablecimiento solo para sí, sino atestiguarlo ante la instancia prevista para ello.[1][2][3][4][5]
La mano que cura y el regreso a la comunidad
Crisóstomo interpreta el contacto como una revelación de Cristo: su mano no sucumbe a la enfermedad, sino que lleva al enfermo la purificación. Tomás de Aquino explica la misma relación entre poder divino y obrar humano en el misterio de la Encarnación. El Señor salva a la persona entera. El restablecimiento del cuerpo, el regreso a la comunidad reconocida y el culto forman una unidad. La interpretación espiritual ve también en ello una imagen de la purificación del pecado. Presupone la curación real y no convierte la enfermedad corporal en prueba de culpa personal. Además, Crisóstomo interpreta el mandato de silencio como escuela de humildad: la gracia recibida debe conducir a Dios, no a la exhibición de uno mismo.[1][4][5][6]
Testigos e investigadores
El curado cuyo nombre no se menciona
Curado y testigo del milagro
Pide a Jesús ser purificado, queda curado por su contacto y su palabra y, según Marcos, difunde ampliamente lo sucedido.[1]
El sacerdote
Instancia de examen indicada por Jesús
El curado debe presentarse ante el sacerdote conforme a la ley de Moisés. Los Evangelios no comunican expresamente el resultado de esa presentación.[1][4]
Los evangelistas sinópticos
Transmisores del testimonio apostólico
Marcos, Mateo y Lucas atestiguan el contacto, la palabra eficaz, la purificación inmediata y el encargo de presentarse ante el sacerdote.[1][2][3]
El desarrollo de la historia
- La súplica
Un hombre leproso busca a Jesús y le pide ser purificado.[1]
- Contacto y curación
Jesús extiende la mano; la purificación se describe como inmediata.[1]
- El encargo
El hombre debe mostrarse al sacerdote y presentar la ofrenda prevista por la ley.[1]
- Difusión
Según Marcos, el hombre da a conocer ampliamente lo sucedido; esto modifica la libertad de movimiento de Jesús.[1]
- Versiones paralelas
Mateo sitúa la escena después del Sermón de la Montaña; Lucas destaca también que Jesús se retira a orar.[2][3]
Valoración eclesial
La Iglesia recibe este milagro en el testimonio vinculante de la Sagrada Escritura. Los Evangelios conservan las obras y palabras de Jesús; los Padres de la Iglesia explican su significado para la fe y la vida de la Iglesia.
¿Qué enfermedad designa la palabra lepra?
El concepto bíblico de lepra es más amplio que un diagnóstico moderno basado en un agente patógeno concreto. Levítico utiliza la denominación correspondiente para distintas alteraciones visibles de la piel y también para tejidos y casas afectados. Por eso, la palabra por sí sola no permite identificar una enfermedad actual concreta del hombre curado. Lucas atestigua una enfermedad grave que afecta ampliamente al hombre; no aporta un hallazgo histológico. Esto no limita el acontecimiento atestiguado: el estado patológico visible desaparece inmediatamente a la palabra de Jesús. Pero sí limita los añadidos posteriores, como las indicaciones sobre una evolución bacteriana específica o sobre miembros perdidos. Del mismo modo, los Evangelios transmiten el encargo de presentarse ante el sacerdote, pero no un certificado conservado con el nombre de un examinador y un informe clínico detallado.[1][2][3][4]
Objeciones y respuestas
¿Puede atestiguarse la curación aunque falte el diagnóstico exacto?
Sí. La denominación moderna precisa de una enfermedad y la observación de una curación real son cuestiones distintas. Los Evangelios mencionan un estado visible reconocido como lepra y su cese inmediato por el contacto y la palabra de Jesús. Una transición así puede atestiguarse verazmente sin que los observadores posean ya las categorías microbiológicas actuales. Para un reconocimiento clínico actual harían falta hallazgos adicionales y la exclusión de otras explicaciones; aquí no se conservan esos datos. Pero de ello no se deriva ni una explicación natural ni una refutación del milagro. La fe cristiana se apoya en el testimonio evangélico. Las versiones de Marcos, Mateo y Lucas conservan el mismo núcleo con indicaciones de contexto distintas; se leen como tradición apostólica, no como tres expedientes médicos independientes.[1][2][3][4]
¿Se opone Jesús a la ley de Israel al tocar al hombre?
Su encargo posterior responde a esta pregunta: envía al curado a la presentación y a la ofrenda previstas por Moisés. Según la interpretación de Crisóstomo, el contacto revela la autoridad de quien concede la pureza; el regreso ordenado al pueblo de Dios sigue siendo una voluntad expresa. Por eso, el texto no puede reducirse ni a una mera transgresión de normas ni a la aceptación social de un hombre que sigue enfermo. Cristo cura realmente y devuelve a la persona a la comunidad. Tampoco se deriva de ello una descalificación general de los judíos ni de la ley. El milagro sucede dentro de la historia de la salvación de Israel y muestra su cumplimiento en el Señor, que purifica con autoridad propia y, al mismo tiempo, exige la valoración sacerdotal prevista.[1][4][5]
Significado para la fe
Cristo responde a la confianza del leproso con una curación real. Su mano extendida y su palabra eficaz restablecen a la persona; el encargo de presentarse ante el sacerdote integra lo sucedido en el orden reconocido del pueblo de Dios. Los tres Evangelios atestiguan en ello la autoridad del Señor, que vence la enfermedad y salva a la persona entera.[1][4][5]
Cómo se investigan los milagros de Jesús
El testimonio apostólico, la transmisión histórica y las obras de Cristo.
Medios de investigación y procedimiento eclesiástico →Fuentes y referencias
La información sobre accesibilidad y alcance te ayuda a valorar las pruebas por ti mismo.
- [1] Evangelio de Marcos
Relato principal con el mandato de silencio y sus consecuencias.
Abrir fuente · vatican.va ↗ - [2] Evangelio de Mateo
Curación después del Sermón de la Montaña.
Abrir fuente · vatican.va ↗ - [3] Evangelio de Lucas
Paralelo con la descripción de la enfermedad grave y la retirada a la oración.
Abrir fuente · vatican.va ↗ - [4] Libro del Levítico
Marco conceptual histórico y ritual; examen y ritos de purificación, también denominaciones para tejidos y casas.
Abrir fuente · vatican.va ↗ - [5] Homilía 25 sobre el Evangelio de Mateo
Interpretación de la súplica, el contacto, el mandato de silencio y el examen sacerdotal. La polémica antigua no se adopta como juicio general sobre los judíos de hoy ni de entonces.
Abrir fuente · newadvent.org ↗ - [6] Summa theologiae III, quaestio 44
Significado teológico de las curaciones corporales y del contacto.
Abrir fuente · newadvent.org ↗
